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Mozambique, conflicto olvidado. ¿Hay alguna esperanza?

África se desangra en numerosos conflictos que, la mayoría de las veces, reciben poca atención en los medios: conflicto del Delta del Níger (2004-presente); guerra civil en la República Centroafricana (2004-presente); conflicto en Darfur (Sudán, 2003-presente); guerra de Mali (2012-presente); guerra de Chad; guerra del Congo; guerra de … Hablamos de cientos de miles de muertos.

En esta ocasión quisiéramos hablar de la guerra casi invisible que se desarrolla en el norte de Mozambique. El peligro, como sucede en todo informe, es que la saturación de cifras y citas nos impida ver los rostros detrás de ellas, historias de personas de carne y hueso. Las cifras son importantes, pues son informaciones objetivas que hablan de la dimensión del conflicto, pero dejadme que antes les ponga rostro. Permitidme que cuente algunas de las decenas de historias que me relataron sus protagonistas.

“Me llamo Fátima Nchute Buluau vivía en Mukojo, una aldea del distrito de Macomia. Los rebeldes entraron, asesinaron a mi hijo y degollaron a mi hermano. Yo conseguí escapar, …”. “Mi nombre es Teresa George. Vivíamos en Mocimboa da Praia, trabajábamos en la pesca. Llegaron los insurgentes e incendiaron las cabañas y asesinaron a varias personas, una de ellas fue mi madre. Conseguí huir con otras personas y permanecimos una semana escondidos en la floresta, sin agua ni comida, …”. “Soy Saide Ramazane Mbuana. Llegaron los integristas y nos cogieron prisioneros: hombres, mujeres y niños. Asesinaron a varias personas. Degollaron a mi amigo frente a mí, al tiempo que nos gritaban que harían lo mismo con cualquiera que intentara escapar. Yo sabía que antes o después harían lo mismo conmigo, así que, en un descuido una noche conseguí huir por la floresta, …”

Rara vez se sabe algo en los medios sobre qué está sucediendo en Mozambique. Conocemos el conflicto de primera mano, pues llevamos cuatro años trabajando en los campos de refugiados de Pemba y Montepuez con diversos proyectos educativos y de ayuda humanitaria.

Según estimaciones, más de 800.000 personas han sido desplazadas debido a la guerra en Cabo Delgado y según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la mayoría de las personas desplazadas son mujeres, niñas y niños. Estas personas han buscado refugio en otras partes de la provincia y en las provincias vecinas, como Nampula y Niassa viviendo en condiciones precarias sin acceso adecuado a alimentos, agua limpia, atención médica y refugio. Es más, muchos dependen de la ayuda humanitaria para sobrevivir, pero el acceso de la ayuda internacional es complejo por la inseguridad.

Como dijo Tom Houston de Visión Mundial, “El principal problema en el mundo hoy en día es el conflicto y la mayor necesidad es la reconciliación en estos conflictos. No hay mayor contribución al sufrimiento humano ni barrera mayor para la acción de desarrollo efectiva que los violentos conflictos que desgarran a las comunidades y sociedades en todo el mundo”

Las secuelas del horror de tanta barbarie marcan profundamente a personas, familias y comunidades. La única salida para apagar el fuego de estos odios es, como dice Tom Houston, la reconciliación. Pensar en ello te nubla la mente después de haber oído tantas historias de brutalidad extrema, parece imposible. Pensando en esto, cayeron en mis manos varios artículos sobre el proceso de reconciliación en Ruanda después del genocidio que, en poco más de tres meses dejó alrededor de 800.000 muertos. El proceso se centra en la reconstrucción de la identidad ruandesa, así como en equilibrar la justicia, la verdad y la situación futura de paz y seguridad. Diferentes entidades trabajan junto con el gobierno para lograr que perpetradores y víctimas coexistan en paz.

Leí historias imposibles de reconciliación entre asesinos y familiares de sus víctimas. Historias conmovedoras que nos hablan del poder del perdón y la reconciliación para seguir adelante. Recordé las palabras de Jesucristo: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”

Quiero creer que hay esperanza.